Viendo cómo la Kinght Foundation va a destinar 3,14 millones de dólares a financiar proyectos relacionados con el periodismo local, que el New York Times acaba de lanzar un blog hiperlocal en el East Village neoyorquino y que hasta Starbucks se deja llevar por los cantos de sirena podríamos pensar que lo hiperlocal está de moda.
Leyendo ciertos medios, sobre todo anglos, puede dar la sensación de que se está montando una pequeña burbuja alrededor de los micromedios y medios hiperlocales (bueno, 3,4 millones no es tan pequeño).
Lo más importante de los medios hiperlocales es la capacidad de interactuar, de integrarse, con la comunidad. Es saber hablar con y para los vecinos. La potencia de los medios hiperlocales es ser grandes contadores de historias, tejedores de relatos. Y es a través de esta interacción con la comunidad como se van convirtiendo en parte del tejido de la misma.
No se puede pretender ser un medio de barrio (o hiperlocal) sin estar dispuesto a formar parte del mismo. Sin ser participe de la intrahistoria. El papel que deben estar dispuestos a jugar es el de dinamizadores de las relaciones entre los componentes de la comunidad. Al hacer emerger las historias que solían pasar desapercibidas logramos que se estrechen los lazos entre los que se sienten parte del barrio.
De ahí que me surjan dudas al ver a los grandes mastodontes de los grandes medios lanzarse sobre lo hiperlocal. Hace falta un cambio cultural profundo para que los que se han acostumbrado a ver el mundo desde su redacción se lancen a la calle a hablar con el tendero. Literalmente.
