Muchas veces cuando dejas volar la imaginación, en mi caso esto pasa la mayor parte del tiempo, se te ocurren ideas que te gustaría llevar a cabo. No se vosotros, pero yo he tenido una relación bastante curiosa con mis ideas a lo largo de mi vida.
Al principio las ideas me asaltaban, me torturaban y conseguian monopolizar mi cabeza durante días. Me dominaban, creia que eran ideas geniales y me generaban estrés y frustración porque aunque tenía una idea no sabía muy bien que hacer con ella.
Durante mucho tiempo me resigne a que las ideas naciesen y muriesen sin más. Simplemente eran aguijonazos que me daban en la cabeza, me rondaban un tiempo y luego morían irremediablemente. En un momento dado decidí que esto no podía seguir así. Aunque esta vez la tecnica de aproximación fue diferente: me limitaba a apuntarlas. En papeles, cuadernos, ficheros txt en el ordenador, en donde fuese. A primera vista no tenía demasiado sentido, sólamente estaba acumulando un montón de ideas inconexas en papeles desperdigados. Pero es que en el fondo es que me daban pena y dado que no sabía muy bien que hacer con ellas por lo menos las dejaba ahí, a la espera de un futuro mejor.
El cambio fundamental vino cuando empecé a desmitificar el concepto de idea. Todos tenemos ideas, algunos muchas, algunos incluso ideas brillantes. Lo importante no son las ideas en bruto, lo importante es la capacidad de tener una idea que solucione un problema concreto y ser capaz de implementar con éxito esa solución.
Ahora siguen asaltándome ideas, pero ya no me generan frustración. Sigo con la costumbre de apuntarlas, les doy su tiempo, no las desprecio pero tampoco dejo que monopolicen mi cabeza durante días. Y poco a poco van dejando de ser ideas inconexas, poco a poco van encontrandose unas a otras. Estableciendo conexiones, tendiéndose puentes entre ellas.
También he aprendido que si bien puede que estas ideas no solucionen los problemas concretos a los que me enfrento en este momento, si que pueden ser útiles para otros. El mundo está lleno de problemas esperando a ser resueltos. He aprendido que si las comparto, las libero, al final acabarán encontrando a alguien que las necesite y que pueda implementarlas y darles un problema que resolver. Y seguramente haya, en algún lugar del mundo, una idea esperando resolver los problemas a los que me estoy enfrentando yo. Sólo hay que perder el miedo a compartir las ideas propias y usar las de otros. Lo importante, al final, es resolver problemas. No quien tuvo la idea primero.
Y así es como se han ido domesticando mis ideas: dándoles la importancia que se merecen, compartiéndolas y perdiendo el miedo a ponerlas en práctica. Sean mias o de otra persona.
